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¿Cómo se calcula la sensación térmica?

¿Cómo se calcula la sensación térmica?

Llega enero y vuelve la ola de frío. No es la peor del siglo, aunque sí que hace un frío del carajo y tal como advierten algunos memes de Internet, el grajo no solo vuela bajo si no que va directamente andando. Unos días en los que no resulta ninguna tontería salir con una pulsera de emergencias QR, por si las moscas.

Días de conversaciones de ascensor en los que se repiten frases manidas que siempre vienen a cuento sobre el tiempo, como estas 21 que recomienda la publicación Verne en esta práctica quiniela. “Esto es cosa del cambio climático”; “es bueno para el campo”; “para nevadas las que caían antes” o el clásico y condescendiente “es invierno. ¿Qué quieres que haga? ¿Calor?”.

Días en los que las visitas a las web de Aemet se disparan y la audiencia de El Tiempo supera a la de Gran Hermano. Días en los que, inevitablemente, nos encontramos con un concepto ineludible en nuestras vidas: la sensación térmica.

sensacion térmica invierno

La catedral de Palma nevada

Estos días, por ejemplo, la sensación térmica en algunas zonas de los Pirineos será de 30 grados bajo cero. Eso asusta de verdad, es un titular magnífico, pero… ¿en qué consiste la sensación térmica? ¿es realmente fiable?

El concepto es sencillo de entender. Habla de la temperatura que sentimos realmente los humanos y no de la que marcan los termómetros y en ella juega un papel fundamental el viento, así como la humedad en verano. Si la temperatura del aire es menor que la de nuestra piel, como suele ocurrir en invierno, el viento hace que la sensación térmica sea inferior a la que marcan los termómetros.

Si en una mañana de invierno la temperatura es de 0 ºC y existen condiciones de calma (sin viento), al estar normalmente abrigados no sentimos frío. Pero a la misma temperatura y con viento de 40 Km/h, la sensación térmica equivale a una temperatura de -15ºC. Con ese mismo viento, una temperatura de -10ºC supone una sensación térmica de -30ºC.

El cálculo no es nada fácil, claro. Se lleva investigando desde 1930 y no fue hasta principios de este siglo  cuando científicos canadienses y de Estados Unidos establecieron una fórmula definitiva de la sensación térmica, que obtuvieron a través de experimentos empíricos en laboratorio.

Para ello utilizaron personas, concretamente la piel de sus caras, a las que se les iba aplicando chorros de aire a determinadas temperaturas e intensidades de viento y comprobando la pérdida de calor que experimentaba su piel. A través de estos datos se pudieron obtener tablas de sensación térmica y una fórmula resultante, muy útil para todos los meteorólogos a la hora de calcular la temperatura de sensación:

Tst = 13.112 + 0.6215 Ta -11.37 V0.16 + 0.3965 Ta V0.16

Para el común de los mortales, a los que esta fórmula nos aclara poco menos que un diagrama en casa de Sheldon Cooper, solo una certeza. A más viento, más frío, y el doble de precauciones. Si toca abrigarse hasta las orejas, se hace, y si tenemos una pulsera de emergencias QR es el día para usarla. Que, como dice el dicho, más vale abrigar que curar…